domingo, 30 de septiembre de 2012

Persecusiones Religiosas




LA publicación por L’Osservatore Romano de un traba­jo sobre “La Iglesia y la masonería”, del que es autor el maestro de Teología del Sacro Palacio Mariano Cordo­vani, muerto en estos mismos días, en el que con la autoridad del órgano del Vaticano y de la competencia teológica del autor se protesta enérgicamente contra ciertas noticias circu­ladas de pretendidos contactos entre polos tan opuestos, ha sido causa de que se haya exteriorizado en el campo masó­nico esa hostilidad siempre renovada contra la religión y la Iglesia, que el eminente padre Mariano Cordovan, nos re­cuerda en su escrito.
Salen a la luz con este motivo voces intencionadas que pretenden quitar trascendencia a la trayectoria de las sectas masónicas, haciéndolas aparecer como asociaciones más o menos frívolas que no merecen las excomuniones y reprobaciones de que la Iglesia Católica les hace objeto. Mas la Igle­sia, en su infinita sabiduría, mantiene en sus cánones 684 y 2.335 la condenación de la masonería y la excomunión a todos cuantos dan el nombre propio a la masonería, sin distinción de rito, apercibiendo de este modo a los católicos para que no caigan en el engaño que las apariencias exteriores les presentan y en su igorancia pueden llegar a creer que se puede ser católico y masón.
El que algunas logias, por la calidad media de las personas, por el ambiente de paz en que se desenvuelve la polí­tica local en el país o por otras causas, aparezcan como no hostiles a los principios de la fe católica y sus fines parezcan reducirse a bailes, cabalgatas o diversiones profanas sin otra trascendencia, no quiere decir el que formen organización aparte que las exceptúe de aquel entredicho y excomunión. La iglesia, como bien dice el teólogo italiano, “tiene un con­tenido doctrinal divino que es revelador de Dios, una cohe­rencia de vida que es una condición para la salvación eterna. Y sobre estos elementos esenciales no puede haber compromiso, sino fidelidad absoluta”.
Todas las persecuciones que la Iglesia Católica viene sufriendo de los Poderes públicos en los últimos dos siglos han sido obra exclusiva de la masonería y de sus hijos. El que el comunismo polarice hoy, por la violencia de sus persecucio­nes contra la Iglesia Católica, la atención mundial, no quita trascendencia a la obra constante y renovada de los que le enseñaron el camino, destruyendo en cuanto estuvo en su mano la autoridad moral y los principios de una fe que hubieran hecho imposible las monstruosas persecuciones de los comu­nistas de hoy. Ellos allanaron el camino en el centro de Euro­pa para que el comunismo penetrase, y su hipocresía, su ma­licia y su trabajo en la sombra han sido cien veces más peli­grosos que los ataques agudos que estimulan a la defensa.
A la masonería hay que juzgarla en los dos aspectos: el del orden práctico y el doctrinal. Si examinamos sus hechos la encontramos, al correr de dos siglos, constituyendo el ve­hículo de las revoluciones políticas liberales y más tarde izquierdistas dentro de una sociedad burguesa. Ha sido el arma más terrible esgrimida, bajo el secreto de las logias y los talleres, para la persecución de la fe católica y de sus instituciones, así como para la destrucción sistemáti­ca del espíritu católico de los pueblos a través de la es­cuela, la Universidad, la Prensa y el libro. Instrumento de los imperialismos, ha venido siendo esgrimida para preparar en la sombra de sus tenidas las revoluciones emancipadoras de los pueblos de América. Los tronos que en Europa cayeron y siguen cayendo lo han sido por la intriga y la conspiración masónicas, que durante lo que va de siglo vienen explotando la revolución de las masas a través de sus jefes, afiliados y subordinados a las logias.
No se trata de acusaciones gratuitas que la Historia no haya reconocido, sino de lo que las propias logias proclaman después de cada uno de sus triunfos. En propios docu­mentos masónicos y publicaciones ha quedado registrado el parto masónico de las nuevas Repúblicas.
Pudiera por esto parecer que por la parte principalísima que la masonería tuvo en la emancipación de ciertos pueblos debiera ésta recoger el galardón que hábilmente pretenden explotar de sus servicios a la libertad e independencia de las sociedades humanas. El fin de la masonería, al trabajar por la emancipación de determinadas comarcas y acoger en su seno a los caudillos y primates de la revolución, no lo ha sido por su amor a la libertad ni por servir a las doctrinas sobre la autodeterminación de los pueblos, sino por ayudar con ello al imperialismo propio o pretender causar el máximo de da­ño a las naciones rivales. A través de la masonería y de los hombres de esta doble disciplina, las naciones poderosas han venido mandando y sojuzgando a muchos pueblos. Así, que ni en el orden patriótico, ni en el religioso, ni tampoco en el moral puede aceptarse la masonería, por los que la sufren, como algo innocuo y sin trascendencia.
Si del orden práctico nos trasladamos al doctrinal, al que nos presentan los estatutos y la documentación pública de las sectas, en ella encontramos, a través de los distintos grados, el mantenimienbo de su carácter de sociedad secreta, en la que el misterio y el secreto se van acentuando conforme se asciende en grados, haciéndose los juramentos más solemnes y te­rribles. Si la masonería careciese de malicia, ¿por qué ese Secreto y ese hermetismo ante la sociedad y esas invocaciones a la responsabilidad que van a contraer los que se inicien en un grado y que los grandes maestres les encarecen con conminaciones terribles? El bien no teme la luz; sólo lo ilícito, los malhechores o los criminales se ocultan en la oscuridad o en las sombras.
¿Por qué esa ocultación, incluso a los propios miembros, de las razones y de los fines, de las resoluciones de la secta, que sólo los altos iniciados conocen, obligándose a los demás a una colaboración más o menos consentida para el logro de objetivos que ignoran? Este secreto básico de las logias constituye uno de los aspectos más esenciales para su general re­probación.
El carácter judaico de la masonería se acusa a través de su literatura y de sus ritos. El problema de si la masonería es una obra eminentemente judía o un instrumento de que el ju­daísmo se aprovecha a partir del siglo XIX, no tiene para nosotros trascendencia. El hecho es que marchan inseparable­mente unidos y que los judíos suelen ocupar en muchas de sus logias los principales puestos.
     Pero así como la masonería ha logrado dominar sobre la mayoría de los sentimientos de sus miembros no ocurre lo mismo con el judaísmo; el hebreo es antes judío que masón y sub­ordina a su creencia y a su pasión judaica todos los intereses de la orden, no obstante lo cual aparece ocupando los princi­pales puestos de la masonería. Esto justifica el que el ateísmo tradicional que en los paises católicos la masonería arrastra, se una en su actuación universal al odio atávico que desde la venida de Cristo, su muerte y su resurrección siente el judío hacia la religión verdadera, que alimenta su espíritu de lucha y de destrucción del orden existente.
Mas dejemos para otro día el seguir examinando aspectos tan interesantes de la doctrina y estatutos masónicos, que aclararán muchos de los sucesos internacionales de los que venimos siendo espectadores, ya que por hoy basta lo expuesto para justificar ampliamente la condenación que de la masonería viene haciendo nuestra Madre la Iglesia.

9 de abril de 1950
Por Francisco Franco, de su libro "Masonería". Los que entiendan del tema recordarán el odio de este peculiar personaje por la Orden Masónica y la perdida de tinta y tiempo de este libro. Realmente un insulto a los conocedores de la Masonería y la sociedad en tiempos de su dictadura,

Conspiraciones Masónicas





QUE la masonería es una secta hostil a la Iglesia Cató­lica, condenada por ésta al correr de los dos últimos siglos, no admite discusión. Desde 1738, en que el Papa Cle­mente XII dió la primera sentencia condenatoria contra la secta, es muy raro el Pontífice que no se haya ocupado de re­cordarnos su excomunión. La Encíclica Humanum Genus, del Gran Pontífice León XIII, recordada constantemente por sus sucesores, no puede ser más elocuente. Constituye un docu­mento perfecto de análisis y de enseñanza para todos los ca­tólicos, que debieran leer y conocer, por los peligros que para la sociedad y las naciones la masonería encierra, y que, pese a los años transcurridos, mantiene su vigor ante el materialis­mo grosero que invade a la sociedad moderna, que crea un caldo de cultivo favorable a la proliferación de la secta, la que progresivamente va invadiendo los órganos de dirección, educación, justicia, propaganda y difusión en todas las na­ciones.
   Ni la masonería ha rectificado lo más mínimo sus doctri­nas desde aquellas fechas, sino todo lo contrario, las refuer­za y crece en insidia y en maldad, aprovechando el ambiente que ella fomenta y que tanto hoy le favorece.
Si filosóficamente constituye una doctrina racionalista, su espíritu ateo, su carácter secreto y maquinador, sus prácticas criminales y su enemiga declarada a lo católico, la elevan al primer plano en la condenación de nuestra Santa Iglesia.
Se frotan las manos estos días los masones al ver a su rival, el comunismo, sentenciado y excomulgado por el representante de Dios en la tierra, procurando ocultar que si una condenación de esta gravedad pesa en estos momentos sobre el comunismo, ateo y perseguidor declarado de la fe de Cris­to, la misma excomunión viene pesando desde hace más de un siglo contra el mundo masónico, hipócrita y maquinador, que, pese a sus formas aparentes, es para la sociedad moderna todavía más peligroso que el comunismo que nos amenaza.
Mas dejemos por esta vez al sabio Pontífice la califica­ción de cuanto la secta representa, aunque por su extensión tengamos que espigar en su grandiosa Encíclica. No se trata, pues, de la exposición de nuestro criterio, sino de la declaración de uno de los más sabios y preclaros Pontífices que en la tierra existieron.
El párrafo quinto de su Encíclica nos dice así: “Puesta en claro la naturaleza e intento de la secta masónica por indicios manifiestos, por procesos instruidos, por la publicación de sus leyes, ritos y anales, allegándose a esto muchas veces las declaraciones mismas de los cómplices, esta Sede Apostólica denunció y proclamó abiertamente que la secta masónica, constituida contra todo derecho y conveniencia, era no menos perniciosa al Estado que a la religión cristiana, y amenazan­do con las mas graves penas que suele emplear la Iglesia contra los delincuentes, prohibió terminantemente a todos inscribirse en esta sociedad. Llenos de ira con esto sus se­cuaces, juzgando evadir, o debilitar a lo menos, parte con el desprecio, parte con las calumnias, la fuerza de estas senten­cias, culparon a los Sumos Pontífices que las decretaron de haberlo hecho injustamente o de haberse excedido en el modo.” Y después de acusar “el fingimiento y la astucia de los afiliados a esta iniquidad’, continúa en el párrafo sépti­mo: “A ejemplo de nuestros predecesores, hemos resuelto declararnos de frente contra la misma socieded masónica, contra el sistema de su doctrina, sus intentos y manera de se­guir y obrar, para más y más poner en claro su fuerza malé­fica e impedir así el contagio de tan funesta peste.”
Acusa igualmente la conspiración de las diversas sectas a la masonería pertenecientes, diciéndonos “que hay en ellas muchas cosas semejantes a los arcanos, las cuales hay mandato de ocultar con muy exquisita diligencia, no sólo a los ex­traños, sino a muchos de sus mismos adeptos, como son los úl­timos y verdaderos fines, los jefes supremos de cada fracción, ciertas reuniones más íntimas y secretas, sus deliberaciones, por qué vía y con qué medios se han de llevar a cabo”. “Que tienen que prometer los iniciados, y aun de ordinario se obligan a jurar solemnemente, no descubrir nunca ni de modo algu­no sus compañeros, sus signos y sus doctrinas.” “Buscan há­bilmente subterfugios, tomando la máscara de literatos y sa­bios que se reúnen para fines científicos, hablan continuamente de su empeño por la civilización, de su amor por la ínfima plebe; que su único deseo es mejorar la condición de los pue­bIos y comunicar a cuantos más puedan las ventajas de la sociedad civil. Cuyos propósitos, aunque fueran verdaderos, no está en ellos todo. Además, deben los afiliados dar pala­bra y seguridad de ciega y absoluta obediencia a sus jefes y maestros,       estar preparados a obedecerlos a la menor señal y de no hacerlo asi, a no rehusar los más duros castigos ni la misma muerte. Y, en efecto, cuando se ha juzgado que algunos han hecho traición al secreto o han des­obedecido las órdenes, no es raro darles muerte con tal auda­cia y destreza, que el asesino burla muy a menudo la.s pesquisas de la Policía y el castigo de la justicia. Ahora bien. esto de fingir y querer esconderse, de sujetar a los hombres como a esclavos con fortísimo lazo y sin causa bastante co­nocida, de valerse para toda maldad de hombres sujetos al capricho de otro, de armar los asesinos, procurándoles la im­punidad de sus crimenes, es una monstruosidad que la misma naturaleza rechaza, y, por lo tanto, la razón y la misma ver­dad evidentemente demuestran que la sociedad de que habla­mos pugna con la justicia y la probidad naturales.”
De su conspiración contra los fundamentos del orden religioso nos habla en distintas partes; así, en el párrafo noveno, nos dice que “de los certísimos indicios que hemos men­cionado resulta el último y principal de sus intentos, a saber: el destruir hasta los fundamentos todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, levantando a su manera otro nuevo con fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del naturalismo”. En el doce nos expresa: “Mucho tiempo ha que se trabaja tenazmente para anular en la sociedad toda injerencia del magisterio y autoridad de la Iglesia, y a este fin se pregona y contiende deber separar la Iglesia y el Esta­do, excluyendo así de las leyes y administración de la cosa pública el muy saludable influjo de la religión católica, de lo que se sigue la pretensión de que los Estados se constituyan hecho caso omiso de las enseñanzas y preceptos de la Iglesia. Ni les basta con prescindir de tan buena guía como la Iglesia, sino que la agravan con persecuciones y ofensas. Se llega, en efecto, a combatir impunemente de palabra, por escrito y en la enseñanza los mismos fundamentos de la religión católica; se pisotean los derechos de la Iglesia; no se respetan las prerrogativas con que Dios la dotó; se reduce casi a nada su Ii­bertad de acción, y esto con leyes en apariencia no muy violentas, pero en realidad hechas expresamente y acomodadas para atarle las manos.”
Y continúa, al tratar de la persecución a la Sede Apostó­lica, en su párrafo trece, con las siguientes frases: “Por fin se ha llegado a punto de que los fautores de las sectas pro­clamen abiertamente lo que en oculto maquinaron largo tiem­po; a saber: que se ha de suprimir la sagrada potestad del Pontífice y destruir por entero al pontificado, instituido por derecho divino.” “Ultimamente han declarado ser propio de los masones el intento de vejar cuanto puedan a los católicos con enemistad implacable, sin descansar hasta ver deshechas todas las instituciones religiosas establecidas por los Papas.” La sujeción de la Iglesia Católica en Méjico, no obstante practicar la fe católica las cuatro quintas partes del país, a la iniquidad de estas leyes y decisiones masónicas ofrece una elocuente confirmación.                  
Al impugnar la corrupción de las costumbres que la masonería fomenta, nos aclara: “Que la única educación que a los masones agrada, con que, según ellos, se ha de educar a la juventud, es la que llaman laica, independiente, libre; es decir, que excluya toda idea religiosa. Pero cuán escasa sea ésta, cuán falta de firmeza y a merced del soplo de las pa­siones, bien lo manifiestan los dolorosos frutos que ya se ven en parte; como que en dondequiera que esta educación ha comenzado a reinar más libremente, suplantando a la educa­ción cristiana, prontamente se han visto desaparecer la hon­radez y la integridad, tomar cuerpo las opiniones más mons­truosas y subir de todo punto la audacia de los crímenes.”
“Tiene puesta la mira con suma conspiración de voluntades, la secta de los masones, en arrebatar para si la educa­ción de los jóvenes. Ved cuán fácilmente pueden amoldar a su capricho esta edad tierna y flexible y torcerla hacia donde quieran, y nada más oportuno para formar para la sociedad una generación de ciudadanos tal cual ellos se la forjan.” “Que hubo en la sociedad masónica quien dijo públicamente y propuso que ha de procurarse con persuasión y maña que la multitud se sacie de la innumerable licencia de los vicios, en la seguridad de que así la tendrán sujeta a su arbitrio para atreverse a todo.” “Que conviene que el Estado sea ateo; que no hay razón para anteponer una a otra las varias religiones, sino todas han de ser igualmente consideradas.”
Al tratar de sus peligros para el Estado y de su influencia sobre los príncipes y gobernantes, nos anuncia con las siguientes palabras lo que luego vimos repetirse en muchas naciones y Estados: “Al insinuarse con los principes fingiendo amistad, pusieron la mira los masones en lograr en ellos socios y auxiliares poderosos para oprimir la religión católica, y para estimularlos más acusaron a la Iglesia con porfiadísi­ma calumnia de contender, envidiosa, con los príncipes sobre la potestad y reales prerrogativas. Afianzados ya y envalentonados con estas artes, cornenzaron a influir sobre manera en los Gobiernos, prontos, por supuesto, a sacudir los funda­mentos de los imperios y a perseguir, calumniar y destronar a los príncipes siempre que ellos no se mostrasen inclinados a gobernar a gusto de la secta.”
La enemiga contra el Soberano belga en los tiempos modernos y la tolerancia con los príncipes masones de Dinamar­ca, Noruega y Suecia son de una elocuente confirmación.
Señalándonos últimamente para cortar el mal el arrancar la máscara a los masones, dictándonos el párrafo número 29, que realmente no tiene desperdicio. Dice así: “Vuestra pru­dencia os dictará el modo mejor de vencer los obstáculos y las dificultades que se alzarán; pero como es propio de la autoridad de nuestro ministerio el indicaros Nos mismo al­gún medio que estimamos más conducente al propósito, que­de sentado que lo primero que procuréis sea arrancar a los masones su máscara, para que sean conocidos tales cuales son; que los pueblos aprendan por vuestros discursos y pastorales, dados con este fin, las malas artes de semejantes so­ciedades para halagar y atraer la perversidad de sus opiniones y la torpeza de sus hechos. Que ninguno que estime en lo que debe su profesión de católico y su salvación juzgue serle licito por ningún titulo dar su nombre a la secta masónica, como repetidas veces lo prohibieron nuestros antecesores. Que a ninguno engañe aquella honestidad fingida; puede, en efecto, parecer a algunos que nada piden los masones abier­tamente contrario a la religión y buenas costumbres; pero como toda la razón de ser y causa de la secta estriba en el vicio y en la maldad, claro es que no es lícito unirse a ellos, ni ayudarlos de modo alguno.”
Y termina pidiéndonos nuestras obras y nuestra oración con estas palabras proféticas: “Levántase insolente y regocijándose de sus triunfos la secta de los masones, ni parece poner ya límites a su pertinacia. Préstanse mutuo auxilio sus sectarios, todos unidos en nefando consorcio y por comunes ocultos designios, y unos a otros se excitan a todo malvado atrevimiento. Tan fiero asalto pide igual defensa; es a saber: que todos los buenos se unan en amplísima coalición de obras y oraciones. Les pedimos, pues, por un lado, que estrechando las filas, firmes y de mancomún, resistan los ímpetus cada día más violentos de los sectarios. Por último, que levanten a Dios las manos y le supliquen con grandes gemidos, para alcanzar que florezca con nuevo vigor la religión cristiana; que goce la Iglesia de la necesaria libertad; que vuelvan a la buena senda los descarriados y al fin abran paso a la ver­dad los errores y los vicios a la virtud.”
Sumemos nuestra voz y rompamos nuestra lanza por las intenciones de aquel preclaro Pontífice y que Dios confunda a los sectarios.

31 de agosto de 1949

Otro articulo  de  F. Franco, de su libro "Masonería"




La Triste Realidad de la Oposición Cubana

Son solo ejemplos  claros de lo que existe alrededor de la oposición en Cuba, caso específico de Las Damas de Blanco.  Hace años visité esa casa, la de Laura Pollán y mi H:.Maseda, una cosa  me llamó la atención y no se me olvida jamás. La cara de los niños que vivían en ella, puden imaginarse sus caras y lo que han vivido en su infancia .Más claro ni el agua, el que tenga ojos......
Solo me imagino sus familias,  hijos y nietos de estas valientes y dignas mujeres. Nuestra admiración hacia ellas.

                                       
                               Esta es su manera de luchar por la justicia y los derechos en Cuba                  

viernes, 28 de septiembre de 2012

Al que le sirva el sayo....

Hoy cuando en la masonería de mi país se ha perdido el respeto a la Libertad, el respeto a la Justicia y el respeto al derecho estos pensamientos del hermano Voltaire viene a reafirmar que esos valores los defiende la Masonería Universalmente  y nadie que sea miembro de ella debe olvidar la obligación de defender esos postulados universales.
Un hermano a quien aprecio mucho y quiero entrañablemente, ha gestionado un relato de un rebelde hermano Santiaguero, que le relató la magnífica enseñanza que recibió en una clase universitaria y que considero muy, pero que muy  oportuna para este instante que vivimos en la Institución masónica de Cuba.

Una mañana cuando nuestro nuevo profesor de "Introducción al Derecho" entró en la clase lo primero que hizo fue preguntarle el nombre a un alumno que estaba sentado en la primera fila:  
 
- ¿Cómo te llamas?
Me llamo Juan señor, !vete de mi clase y no quiero que vuelas más¡- Gritó el desagradable profesor, Juan estaba desconcertado. Cuando reaccionó, se levantó torpemente, recogió sus cosas y salió de la clase.  odos estabamos indignados y asustados, pero nadie dijo nada, guardamos un absoluto silencio.
Esta bien, ahora si, ¿para qué sirven las leyes?... seguiamos asustados, pero poco a poco fuimos contestando a su pregunta. Para que haya un orden en nustra sociedad, !no¡ contesta el profesor, Para cumplirlas? !no¡ digo el profesor, para que la gente mala page por sus actos, !no¡ ¿pero es que nadie sabrá responder a esta pregunta? !para que haya justicia¡ digo timidamente una chica, !por fin¡ eso es, para que haya justicia, y ahora, ¿para que sirve la justicia?
Todos empezabamos a estar molestos con esa actitud tan grosera del profesor. Sin embargo, seguíamos respondiendo. !para salvaguardar los derechos humanos¡ bien, que más, decía el profesor. !Para discernir lo que esta bien de lo que esta mal¡ sigan... para premiar al que hace las cosas bien¡ no esta mal, pero... diganme. ¿Actué bien al expulsar a Juan de la clase?. Todos nos quedamos callados, nadie respondía. Quiero una respuesta decidida y unánime, dijo el profesor.
Noooo! digimos todos. ¿Pudeira decirse que he cometido una injusticia?  Siii
¿Y por que nadie hiso nada al respecto? para que queremos leyes y reglas sino disponemos de la valentía de llevarlas a la práctica. Cada uno de ustedes tiene la obligación de actuar cuando ven una injusticia. Todos. No vuelvan a quedarse nunca más callados.
Vete a buscar a Juan, dijo mirandome fijamente.
Aquel día recibí la lección más práctica de mi clase de derecho.
Cuando no defendemos nuestros derechos perdemos nuestra dignidad, y la dignidad no se negosia, sino que se exige.
Muy ajustado a estos tiempos de barbarie, donde al parecer en la Masonería y en la sociedad actual, estamos perdiendo nuestra dignidad.
!y como dice el refrán, al que le sirva el sayo, que se lo ponga¡

Atinado y muy lleno de vigencia mensaje del QH:.Amibelec Casard

No le cabe mejor lucidéz a este mensaje que pensar y reflexionar acerca de la sociedad y en ella a la Masonería y nuestros actos como centro y consecuencias en el futuro.

 

martes, 18 de septiembre de 2012

¿Y la luz al final del tunel?



Y la luz al final del túnel?
Es a veces complicado y difícil para los emigrantes que hemos venido acá España a buscar un poco más de dignidad y libertad, toparnos con el hormigoneado muro de la grave crisis financiera internacional. Ciertamente hemos venidos a derramar nuestro sudor en el trabajo honrado y leal. Esperanzados por el idioma de la “madre patria” y las bondades de la civilizada Europa vamos haciéndonos camino, y eso sí, por lo menos en mi caso y en el de muchos cubanos, con algo más de libertad y dignidad. Valores y derechos que en nuestra dolida patria adolecen los que no han podido brincar el charco o les ha vencido el sentimentalismo de dejar a tras la familia y la patria que nos vio nacer.
En todo caso los que hemos dejado atrás nuestros amores a los nuestro, la familia y hemos podido traer a los seres queridos (en mi casi he podido traer a mi querido hijo para labrarse su futuro) hemos hecho lo imposible para también laborarnos la dignidad humana y mejorar nuestra vida material, sobre todo en lo personal.
Y que hemos encontrado? verdaderamente no hemos venido en el mejor momento, hemos encontrado la “crisis” económica, financiera y de valores que ya no deja escapar casi ningún país, y en el caso de España, daña a los sectores más vulnerables de la sociedad, como la juventud, las mujeres y jubilados. La burbuja inmobiliaria y la quiebra de bancos norteamericanos han dejado ver lo ficticio de aquel auge económico y ahora vemos el triste resultado. Total para los cubanos nacidos luego de la década de los 60, desde que tenemos uso de razón, siempre hemos estado en crisis, y esta, es solo otra más, aunque mucho más asequible.
Como mismo afirman, los españoles, sus principales preocupaciones, son:
-  El paro. Con leyes que lo favorecen, pocas ideas de crecimiento y beneficios para los más ricos. En resumen crece y cree y no se ve mejoría en esa tendencia.
- La clase política: los peores parados, de acuerdo a que su deber y obligación es velar por la estabilidad social y el llamado “estado de bienestar”. Sumergidos casi todos en la demagogia tienen la indignidad de poseer fortunas cuantiosas cuando hay más de un millón de familias  que no son “rescatadas” por el estado (los bancos si) y su vida  cada vez es peor, y que hacen los políticos por ellos? saben los políticos como y de que viven? Que desayunan, que almorzarán esa familias? Mientras ellos de reunión en reunión,… y para qué? Donde están las soluciones, las soluciones prácticas y de momento, la creación de empleo que es el pero de los problemas . Solo recortes, para recortar el estado de bienestar? Ese fue su gran logro!! Ahora no hay ideas, o no las dejan florecer para mejorar. La clase política no tiene crédito ni confianza en el pueblo. Al igual que la burguesía y la monarquía, no tienen razón de ser toda vez que no viven para el pueblo, viven de el miserablemente.
- La justicia: esta ciertamente deja mucho que desear en un país del llamado 1er mundo, y aunque no tiene experiencia democrática y nunca la ha sabido usar por sus debilidades en un reino de los más viejos de Europa. España es el paraíso, no solo para las juergas, sino para los delincuentes y la impunidad. Una justicia injusta, para que los queremos así?
De verdad, yo también sigo indignado, y aunque no soy nativo, vivo como uno más, con la satisfacción de un país que me abrió sus puertas, como lo hicimos en Cuba a los españoles hace dos siglos (sobre todo a los de esta tierra canaria) y con la confianza de poder superar estos duros momentos con un cambio de mentalidad, esa mentalidad posmoderna de hoy en día donde la solidaridad, el amor, la fe y la tolerancia brillan por su ausencia. Debemos trabajar todos juntos, con la verdad y el ejemplo por delante, con honradez y esfuerzo. Eso si les queremos dar a nuestros hijos un fututo mejor, un planeta más limpio y un ambiente sano donde todos caminemos como transeúntes  un mismo camino de esperanza y convivencia. Juntos los de aquí y de allá, por los valores y derechos humanos, por la Fraternidad Humana. Hagamos un examen de conciencia, después de todo “no cuesta nada mirarse por dentro”. El dinero no es todo en la vida, si no lo crees, un día lo harás. Puedes comprar una mujer, pero no su amor, una cama, pero no el sueño. No solo de pan vive el hombre.
Libertad, Igualdad y Frernidad
Hagamos que se vea la Luz